En un rincón de la clase, en las paredes, en los pasillos... En cualquier lugar de las aulas es posible que aparezcan cosas muy interesantes que, aún aparentemente desconectadas, irán cobrando sentido en el futuro. Y pueden hacer que se aprenda la Historia, y otras disciplinas relacionadas con las ciencias sociales, con interés y entusiasmo. Ese es nuestro objetivo.

miércoles, 21 de enero de 2009

NUEVAS "HISTORIAS" DE LA HISTORIA













TRAS NUEVE AÑOS DE HISTORIA...
En este espacio, presentamos un conjunto de experiencias relacionadas con el tratamiento de los grandes periodos de la Historia llevados a cabo por maestros y maestras de Educación Infantil y Primaria de varios centros de la Comunidad de Murcia (España).

Esta experiencia comienza en el año 2000 de nuestra era...
[…] Cuando la criatura asocia un tiempo a una actividad y memoriza esa asociación, está haciendo historia. En este sentido, deberíamos explicitar que la historia y la geografía, como estructurantes de los saberes sociales, pueden introducirse a cualquier edad, siempre que se adopten los instrumentos necesarios para hacerlo (Hernàndez, 2000, pág. 42).

Partimos de la premisa de que desde Educación Infantil se puede enseñar y aprender contenidos que inicien al niño en el tiempo y la historia, postulado que no siempre es aceptado por parte de los maestros y las maestras, que consideran que a lo sumo, y con reservas, sólo es posible enseñar historia en el tercer ciclo de Primaria (Hernàndez, 2000; Santisteban, 2000). Como comentan Varela y Ferro (2000), tradicionalmente, las ciencias sociales no eran enseñadas en el nivel inicial por considerarse que los niños eran demasiado pequeños para abordar su objeto.
En cambio, numerosas investigaciones empíricas realizadas en Italia y en Gran Bretaña, principalmente, de las que destacamos los trabajos de A. Calvani (1986, 1988) y H. Cooper (2002, 2006), han concluido que los niños a partir de los cinco años poseen una idea de la duración y hasta un cierto sentido de la historia. Los problemas de su aprendizaje radican en la selección de contenidos y en su tratamiento didáctico, no en su edad (Trepat, 2000). Otras investigaciones han puesto en duda la incapacidad que, según Piaget y sus colaboradores, tenían los niños para la comprensión del tiempo e incluso la dimensión temporal de una narración. Ésta última no se lograba hasta pasados los ocho años (Trepat, 2000).
Autores como Langford (1989), Downey y Levstik (1991), Torres (2001), Fuentes (2004), Santisteban y Pagès (2006), etc. señalan que el aprendizaje de la historia y el tiempo histórico, en la etapa de la Educación Infantil y primeros cursos de Primaria, está más relacionado con las metodologías y estrategias que se utilicen para su enseñanza que con las capacidades y la edad del alumnado, pudiendo obtenerse mejores resultados si se modifica la metodología didáctica, los materiales y los recursos utilizados.
Hernàndez (2000) defiende que el alumnado de Infantil y Primaria trabaje todas las nociones relacionadas con el tiempo cronológico: divisiones naturales, arbitrarias y sociales del tiempo, junto con el dominio de máquinas y sistema de medición temporal. También es necesario que aprenda las siguientes categorías temporales: sucesión, reversibilidad, simultaneidad, continuidad y cambio.
En cuanto a los contenidos procedimentales, Hernàndez (2000) considera que desde Infantil se puede iniciar al alumnado en el método histórico. El trabajo con fuentes es la forma de conocer el pasado. El alumnado debe familiarizarse con los objetos, documentos y restos diversos relacionados con el pasado, debe identificarlos y clasificarlos.
En 1991 el Gobierno británico incluyó la enseñanza de la historia en el currículo escolar para los niños y niñas de entre 5 y 8 años. En el año 2000 se introdujeron cambios, concretamente en el área de Conocimiento y comprensión del mundo, en la que se prevé que los niños se informen de acontecimientos pasados y presentes de su propia vida y la de su familia y de otras personas que conocen.
K. Egan (1991, 1994) ha realizado contribuciones al proceso de enseñanza-aprendizaje de la historia en los niveles iniciales. Sus argumentos dimanan más de la práctica que de la psicología (Trepat, 2000).
Piaget se centró, casi exclusivamente, en un limitado conjunto de aptitudes intelectuales lógico-matemáticas, sin ocuparse del amplio conjunto de habilidades del pensamiento humano. [...] Aunque existen diferencias, también hay una continuidad entre el pensamiento de los niños y el de los adultos (Egan, 1991, pág. 217).
En síntesis, Egan ha criticado que el alumnado sólo pueda aprender desde lo concreto, lo manipulativo y lo conocido. De ahí su apuesta por introducir la historia, en forma de narraciones, desde la Educación Infantil. Contar historias, historias literarias, relatos científicos y políticos, etc., es la manera en la que los individuos somos socializados (Lyotard, 1984). En este sentido, un buen recurso es contar cuentos, tradiciones y leyendas de tiempos antiguos, sean o no cercanos, porque Egan no es partidario de trabajar sólo a escala local. Piensa que la imaginación es una poderosa herramienta de aprendizaje.
Estamos tratando a los niños pequeños como a idiotas. [...] no se han tenido en cuenta ni se han valorado las herramientas intelectuales más potentes que los niños llevan a la escuela (Egan, 1994, pág. 33).
Por tanto, desde la Educación Infantil se pueden trabajar contenidos que directamente se refieran a hechos históricos, que los niños viven e interiorizan con tanto entusiasmo y naturalidad. Precisamente estos aprendizajes se realizan teniendo en cuenta los conocimientos del niño y su capacidad de escuchar y de investigar para construir un conocimiento más elaborado.
Por supuesto que no es lo mismo información que conocimiento. El niño en la edad que cursa Educación Infantil le resulta difícil distinguir fantasía de realidad y tiene muchas dificultades para comprender y expresarse en términos espaciales y temporales. Para que el conocimiento se asiente en su mente superando, en cierta medida, esos obstáculos concomitantes con la edad, es necesario que la labor de ayuda de los adultos: familia y maestros, teniendo en cuenta, en todo momento, sus esquemas de conocimiento propio. Para ello se debe contar con múltiples recursos didácticos: la biblioteca del centro, la de aula, las aportaciones de las familias de los niños, artículos de prensa, revistas, libros especializados adquiridos en el aula, mucha curiosidad y muchas ganas de aprender.
La historia la aprenden como aprenden los cuentos, por medio de objetos antiguos, de salidas a la localidad para observar edificios o restos antiguos, de películas, de imágenes de arte, de noticias... Podemos convertir nuestras aulas en un castillo, un barco pirata... La fantasía infantil suple cualquier dificultad o carencia. El juego es el eje de la actividad del alumnado, especialmente el juego imaginativo de «hacer de».
La clave para enseñar historia en estas edades está en la selección de los contenidos apropiados, tanto conceptuales como procedimentales y actitudinales. Como expresa acertadamente Hernàndez (2000, pág. 44), “la historia estimula más que ninguna otra disciplina, la imaginación, la creatividad e incluso la fantasía”.
Para un aprendizaje pertinente del tiempo histórico es fundamental que se dé un tratamiento recurrente a los conceptos temporales y de sus operaciones: no basta con enseñar una sola vez, sino que:

Es necesario, a lo largo de diferentes unidades y cursos a propósito de otros contenidos en los que intervengan las nociones temporales, ir explicando los mecanismos de cálculo, representación y periodización de manera constante, ampliando poco a poco su conceptualización (Trepat, 2000, pág. 51).


El rincón de los tiempos: experiencias sobre la enseñanza de la historia a partir de Educación Infantil
A pesar de que desde hace unos años, relativamente pocos, se han publicado algunas experiencias en España sobre la enseñanza de la historia en Infantil (Gomis et al., 1998; Solé y Serra, 1999; de los Reyes, 2004; Mariano, 2005; Almagro et al., 2006), puede sorprender a muchos maestros, incluso de Educación Infantil, leer unidos términos relacionados con la historia con edades tan tempranas, pero llevamos varios años con experiencias en esta dirección, principalmente desde el curso 2003-2004. De estas experiencias tenemos un alto nivel de satisfacción por los excelentes resultados que ha dado su implementación, que resultan muy agradables y motivadoras para los niños y estimulantes para las maestras y las familias.
El rincón de los tiempos ha sido el nombre que ha dado nuestro alumnado al espacio donde se trabajan los “tiempos antiguos”. Nuestro planteamiento inicial surge a partir de una reflexión sobre el currículo de Infantil en esta etapa de cambios, críticas y dudas. Partimos de la consideración de una formación integral que no se ciña exclusivamente a lo próximo para ir poco a poco abriéndose al mundo. Hoy día la información está a disposición del niño desde que nace a través de los medios, la televisión ha terminado con ese progresivo desvelamiento de las realidades feroces e intensas de la vida humana (Savater, 1997). Es más fácil iniciar esa formación desde la cultura social, organizar contenidos y a partir de ahí lograr igualmente el desarrollo de las capacidades personales y potenciar la comprensión del entorno más o menos próximo.
Las obras de arte se convierten en iconos fáciles de reconocer y recordar, a través de los cuales se puede extraer todo un universo de conocimientos que a veces planteamos de forma artificial en el aula. Centrándonos en la pintura, qué mejor medio para conocer los colores, la relatividad de los tamaños, las formas... Y no hablemos de los conceptos de tiempo, ya que las pinturas representan una época, una forma de vida, una historia.
La historia, en el doble significado del término, como narración todos sabemos que es una de las estrategias básicas del maestro para acceder a la mente infantil y a través de la cual conectar con conceptos abstractos: el bien, el mal, la generosidad, la justicia...; y la historia como ciencia social, que a los niños, aunque pequeños, les conviene aprender si se convierte en una “historia” interesante y clara. Cuando escuchan cuentos sobre otras épocas, los niños se ven requeridos a reaccionar, confirmar, modificar o rechazar las ideas que ya poseen, no sólo les ayuda a aprender cosas sobre tiempos, lugares y personas ajenos a su propia experiencia, sino también a comprender que no existe una única versión “correcta” del pasado (Cooper, 2002).
Estas “historias” dan lugar, de forma natural al juego, que junto con la narración configuran los pilares básicos del aprendizaje en la Educación Infantil. Si facilitamos espacios adecuados donde se desarrollen esos juegos que siempre aparecen, y los canalizamos para que sirvan para la adquisición de aprendizajes adecuados, estamos contribuyendo a esa formación integral.
La narración y el juego simbólico constituyen para ellos (niños y niñas de Parvulario y Ciclo inicial) una unidad que lleva consigo límites propios y precisos. En esta unidad, el universo y el contexto están creados y dados de manera que los hechos pueden captarse, y su sentido comprenderse mucho más rápidamente que los acontecimientos del entorno real... (Trepat, 1995).
Aunque la narración y el juego, junto con la información grafica que hay en la clase son las principales herramientas de trabajo para trabajar la historia en Educación Infantil, no queremos dejar de nombrar algunas actividades cotidianas que ayudan y refuerzan la estructuración del tiempo histórico: la historia de mi vida, a partir de fotos aportadas por la familia y colaboración de los padres; la reflexión diaria sobre el tiempo, la fecha, el día en que estamos, qué hacemos hoy, el horario…; el periódico, donde vamos reflejando los acontecimientos importantes del presente; la correspondencia, las cartas que escribimos, mandamos y recibimos; los cumpleaños, distribuidos a lo largo del tiempo; el árbol genealógico, hasta los abuelos; pasado, presente y futuro, una época, un invento que nos ha facilitado nuestra vida, un deseo que alcanzar.
Con estas experiencias que hemos llevado a cabo no pretendíamos producir grandes cambios; no obstante, algunos se produjeron por el hecho conseguir una buena colección de fotografías de obras de arte, de pinturas de los grandes maestros fotocopiadas en color, escáner, plastificadoras, libros de la biblioteca, libros de historia, cuentos, aportaciones de las familias... Se posibilitó el poder mostrarlo y tenerlo en las aulas, y llevar a cabo actividades de búsqueda y narración de la historia de los cuadros y la vida de los pintores, sus peculiaridades, y todo lo que a los niños les resulta curioso, con el consiguiente desarrollo de la competencia artística y cultural entre otras .

Los materiales deben favorecer la búsqueda de información en distintos medios convencionales e informáticos, aportaciones del alumnado, el aprendizaje cooperativo, la comunicación y el intercambio, el uso de códigos diversos y la utilización, como recurso, de diversos escenarios…
Nuestro rincón del tiempo es esta pizarra que se va llenando cada vez más de información relevante y significativa dentro de nuestros proyectos. (Clase de 5º del CEIP Luis Costa)

Gómez, Pérez y Arreaza
“Documento de apoyo: Programación, desarrollo y evaluación de las Competencias Básicas, 2008”

El mercado medieval del Jardín de Floridablanca nos ilustra sobre el ambiente y las costumbres de la época medieval; salimos del colegio en busca de escenarios significativos... La calle también enseña.



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