En un rincón de la clase, en las paredes, en los pasillos... En cualquier lugar de las aulas es posible que aparezcan cosas muy interesantes que, aún aparentemente desconectadas, irán cobrando sentido en el futuro. Y pueden hacer que se aprenda la Historia, y otras disciplinas relacionadas con las ciencias sociales, con interés y entusiasmo. Ese es nuestro objetivo.

lunes, 16 de febrero de 2009

LUCY


LUCY
UNA HISTORIA PARA CONTAR

Por Mª Carmen Baeza Verdú
y Elvira Pérez Egea

Dicen los hombres sabios que, hace muchos, muchísimos años, los hombres y mujeres que había en la Tierra se parecían a los monos. Igual que los monos actuales, vivían en los árboles. Allí tenían casa, comida y se defendían de los animales salvajes.
Su enorme árbol era el refugio seguro donde se defendían de otra de las cosas que les daba mucho miedo: la oscuridad de la noche.
Como no conocían la electricidad, no se podían alumbrar y todas las tardes, cuando el sol empezaba a ponerse, recogían a los más pequeños y subían rápidamente al árbol para esperar que el nuevo día les trajera otra vez la luz del sol.
Estos primeros hombres mono se alegraban al despertar y saludaban con gritos y saltos la luz del nuevo día.
Y un nuevo día empezaba con las rutinas de siempre: el saludo al sol, la recogida de frutos, bebían agua y se lavaban.
Nuestra amiga Luci era la encargada de acompañar a su padre a recoger agua al río cuando el agua de la lluvia se agotaba en los grandes agujeros del tronco del viejo árbol.
_¿Por qué estás tan serio, papá?_dice Luci.
_Pronto se acabará el agua y habrá que ir al río. Y ya sabes que allí los cocodrilos nos pueden atacar.
Luci se dio cuenta de que las nubes iban poco a poco tapando el sol...
_¡Mira, papá! ¡Esta vez no tendremos que ir al río! ¡Vamos a preparar las hojas y los huecos para recoger el agua!
Una mañana, al ir a buscar fruta para comer, la familia de Luci descubrió que se había acabado. Eso suponía que había que apartarse del árbol para buscar los frutos maduros que caían y rodaban por los suelos y los que abandonaban los pájaros un poco más lejos del árbol después de picarlos un ligeramente.
Pero esta es otra historia...
EL GRAN VIAJE: DE LOS ÁRBOLES A LA MONTAÑA
Ocurría cada año unos días antes de que llegara la época de las lluvias. Estaban acostumbrados a que pasara, pero en los árboles cercanos también había fruta madura por los suelos. Sólo era cuestión de andar un buen rato...
Y empezaba una nueva rutina: la de pasear hasta coger y traer esos frutos más lejanos. Y otra un poco más difícil: erguirse de vez en cuando para asegurarse de que seguían la dirección correcta... ¡Y es que la hierba de la pradera no les dejaba ver y tenían que levantarse y andar un ratito a dos patas! Los más miedosos andaban un buen rato más para asegurarse de que tomaban la dirección correcta.
Luci no lo podía evitar. ¡Le encantaba acompañar a su padre!
_¡Mira, papá, cuanta fruta! Seguro que en ese otro árbol hay más.
Y les llevaba todo el día el viaje hacia la fruta madura.

Cada vez se iban alejando más del árbol y una noche oscureció. Se quedaron a dormir en él.
A la mañana siguiente, cuando volvieron a su árbol casa, todas las madres les esperaban asustadas.

_¿Qué ha ocurrido? _dijo la madre de Luci. Y al escuchar la explicación, todas las madres decidieron que cambiarían de árbol para acercarse más a esa lejana fruta que tanto disgusto les había dado.

Todo el clan se puso en marcha y de nuevo volvieron las rutinas felices... ¡y los nuevos descubrimientos!
Desde lo alto del árbol, se veían unas altas montañas y encima de ellas... ¡Todo un bosque de árboles! ¡Más fruta!
Lo más duro fue la primera noche...
_Papá, papá, ¿dónde estás? ¿Qué haces?
_¡Calla, Luci! Ahora te explico cuando suba al árbol.
Esa noche, el padre de Luci durmió agarrado a una gran piedra. Eso le hacía sentirse más seguro en esa extraña nueva casa. Los demás no entendían el motivo, pero a la noche siguiente hicieron todos lo mismo. ¡Y es que el padre de Luci era el mono más fuerte y todos hacían lo mismo que él sin rechistar! ¡Era su líder, su jefe, su maestro! Y le admiraban...
Días después entendieron todos el motivo. Cuando algún cervatillo se acercaba y molestaba los juegos de los más pequeños, los espantaban lanzándole frutas.
_Si en vez de un cervatillo viene un león, con una manzana no lo espantamos. Esta piedra grande servirá _susurró el padre a Luci. Y se durmieron.
A la mañana siguiente al bajar a por fruta encontraron a una leona joven sangrando por la cabeza y con la gran piedra al lado.
Luci pensó: “La piedra ha caído esta noche y le ha dado a la leona en la cabeza, como al cervatillo” “Con una piedra podemos cazar a los animales más grandes”
Y se fue a buscar fruta sonriendo...

Nace la caza
A partir de ese día, comenzó una nueva rutina: la de subir al árbol grandes piedras que servirían para defenderse por la noche. Y otra más: despellejar a los animales para poder así comer su carne.
La leona encontrada el día anterior fue colgada en un palo y la llevaron a su árbol casa donde todos se dieron un gran festín.
Después de dormir y descansar, el padre de Luci dijo:
_Como sabemos que hay fruta en los árboles de la montaña y además hemos aprendido a cazar para comer, no es necesario que nos quedemos en este árbol. Iremos a las montañas y buscaremos un nuevo árbol donde vivir y cazar. Ya no pasaremos hambre...
Y se pusieron en marcha en busca de su nueva casa

LA CUEVA
Aunque la montaña y el bosque se veían bien, el camino era largo y pesado. Los más pequeños, que nunca se habían alejado del árbol, no estaban acostumbrados a andar tanto.
Al llegar al árbol de la leona, que así lo llamaron desde entonces, decidieron hacer un alto allí. Esa noche se durmieron tranquilos mientras Luci les contaba una y otra vez la aventura de la piedra y la leona.
A la mañana siguiente, después de comer los últimos trozos de carne, siguieron viaje hacia las montañas. ¡Ya estaban más cerca!
Pero, claro, ya sabéis que las montañas no son cosa de broma. Hay unas cuestas terribles... Y empezaron a subir. A subir y a subir sin descanso... Casi de noche, llegaron a la cima y se refugiaron en el primer árbol que encontraron.
Durmieron mal, con miedo... Se habían olvidado de recoger piedras, hacía mucho frío, no tenían agua, tenían hambre y sed y los que no pudieron dormir, contaron a la mañana siguiente que se oían unos gruñidos terribles... ¡Qué miedo!
Pronto supieron qué pasaba. Junto al árbol había unas rocas con un agujero muy grande y muy negro... Iban a bajar, pero del agujero salió una cosa peluda y enorme.
-¿Qué es eso?_ gritó Luci. _Es como un ciervo gordo y con mucho pelo negro...
Los hombres y mujeres del clan nunca habían visto un oso. El oso, al oír los gritos, se acercó al árbol y lo zarandeó. Todos gritaban, los pequeños lloraban... ¿Qué podían hacer?
Ese día no bajaron del árbol y se tuvieron que aguantar el hambre con algunas frutas verdes que apenas acababan de nacer, ásperas y duras... Pero, algo es algo. Mientras tanto, el padre de Luci callaba y no se movía, pero miraba constantemente hacia la cueva.
El oso los acabó dejando tranquilos y se alejó hacia un riachuelo que había un poco más lejos. En ese momento, el papá de Luci bajó, se acercó corriendo a la puerta de la cueva, cogió dos enormes piedras y volvió rápidamente. Cuando Luci entendió lo que su padre hacía, bajó también y corrió a por piedras. Algunos jóvenes también los imitaron. Uno de los más fuertes, al que llamaban Crom, pudo coger tres piedras.
Mientras ellos cogían las piedras, el resto vigilaba al oso para dar aviso en el caso de que volviera, pero el oso estaba muy atento mirando el agua del riachuelo y no se enteraba de lo que estaba ocurriendo tan cerca...
Entonces otra cosa curiosa ocurrió: ¡el oso metió la zarpa en el agua, empujó con fuerza y lanzó un enorme salmón por los aires! Ellos no habían visto nunca uno tan cerca, ni sabían que se pudiera coger. Los veían nadando en el río cuando iban a beber, pero nunca pensaron que se pudieran cazar. ¡Y comer!, pues el oso lo cogió y se lo comió de un bocado.
Con las piedras a buen recaudo, pasaron el resto del día contándose las aventuras vividas y con el estómago vacío.
El padre de Luci seguía mirando fijamente el agujero de la cueva. Luci, por su parte, miraba los nubarrones que se iban formando lentamente... “Me prepararé para recoger agua, pronto lloverá”..._pensó.
El nuevo día amaneció lloviendo y pudieron por fin beber. El oso salió de la cueva y volvió a pescar y a comer su ración de salmón. Pasaba junto al árbol, gruñía y seguía su camino.
Pasaron dos días más. Ya no quedaba fruta ni pequeña ni mediana, sólo agua. Esa mañana el oso pasó cerca del árbol y se paró, momento que aprovechó el padre de Luci para lanzarle una piedra. Luego fueron un montón de piedras juntas que acabaron con la vida del enorme oso.
El resto ya os lo podéis imaginar...
Bajaron del árbol y con palos y afiladas piedras, le quitaron la piel y comieron con avidez... ¡Llevaban varios días sin comer. Con los huesos largos fabricaron hachas, con las puntas de hueso, lanzas y flechas, con las tripas fabricaron largas cuerdas y con trozos de piel, fabricaron zapatos para proteger los pies... ¡Se habían cortado con los filos de las rocas al subir la montaña y algunos tenían grandes heridas muy dolorosas!

LA TORMENTA
“¡Otro día más!” _pensó Luci. Y se durmió.
Esa noche pasaron mucho frío. El cielo amenazaba otra vez tormenta, hacía viento y las hojas del árbol no dejaban de batir. Las ramas los zarandeaban...
Y ocurrió otra cosa mas: el cielo se encendía, parecía la luz del sol, pero luego se apagaba. A continuación un estruendo terrible muy pero que muy cerquita y... ¡Una masa de luz cayó sobre un árbol y empezó a arder!
Como no dormían, salieron todos corriendo a ver el espectáculo. Todo estaba iluminado, veían y no hacía sol. Al acercarse más, notaron el calorcito.
_¡No hace frío aquí! _gritaban contentos.
Sin decir palabra, el papá de Luci cogió una enorme rama y la arrastró hacia la cueva.
Todos le siguieron sin rechistar. Ultimamente nadie decía nada cuando le veían actuar; simplemente le imitaban. Los grandes monos del clan cogieron cada uno una rama y le siguieron. El papá de Luci entró en la cueva no sin antes depositar la rama ante la puerta; todos hicieron lo mismo y una enorme hoguera les protegió esa noche del frío. La cueva, les protegió de la lluvia.
Desde ese día, ya no volvieron al árbol. La cueva fue su casa.

A PESCAR COMO LOS OSOS

JEFES Y GUARDIANES

CRECEN LAS SEMILLAS (Sedentarios)

2 comentarios:

  1. Hola!

    Estoy preparando una unidad didáctica sobre la prehistoria, y la verdad es que vuestra página me ha sido de gran ayuda. Os quería pedir, si por favor, podrías poner por aquí la letra de la poesía "En tiempos de las cavernas".
    Muchas gracias!

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  2. Nos alegramos de haber sido de ayuda! En breve tendrás colgada la poesía!

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